Critica 2018-11-22T16:34:32+00:00

Críticas para: “De la brava tormenta”.

Díez Serrano, Isabel: De la brava tormenta, Ediciones Endymion, 96pp.

Como un extenso poema se nos ofrece el libro, escrito con mano firme, sin titubeo alguno y nos arrastra con viento huracanado al acontecer de la vida. El temblor de los árboles, el miedo de los pájaros y el inclemente paso del reloj sobresalta y alerta. Los sueños se debaten de una estación a otra. Y la palabra erguida. Siempre la palabra: tabla de salvación, magia del canto y el misterio.

El fluir de los días y las noches bajo el soplo continuo del aire agitador que se lleva el verano y devuelve el invierno, grita por el otoño y desborda los ríos de primavera, penetra al laberinto del silencio. El silencio que eleva y aturde con su música.

Isabel Díez Serrano incendia su pulso, relampaguea corazones, prende el suyo propio en el chispazo. Su voz es agua fresca, lava conmovedora.

Con un aliento sostenido de principio a fin, nos lleva como rama desprendida, que unas veces golpea y otras acaricia. Hojas volantes somos en su verbo, asustados pajarillos buscando protección en el follaje.

A veces somos mar, otras montaña. Arroyo seco. Tibio manantial es su respiración, que somos todos en el correr de páginas entre violines y descargas eléctricas.

Los truenos de su callarse chocan con nuestras mentes, y escuchamos caer la lluvia como sílabas sobre la página en blanco.

La soledad se puebla de acordes y silencios. Late el amanecer. llega la noche. Un disperso rumor de estrellas aletea por el cielo y el discurso sigue sus pasos sin titubeo alguno, con el ímpetu inicial, el fulgor del principio. La palabra sueña, abre los ojos, corre como río entre sembrados, bajo un cielo gris que anuncia el día.

El sujeto lírico dialoga con el tiempo, entra en sí mismo, azuza los fantasmas y crece en llamarada como iluminación y sobresalto.

La experiencia escrituraria toma riendas del potro de la invención, y lo enrumba hacia el canto de ansiedad humana y deseos de vivir. La melodía – sin estridencias- acompaña, envuelve el ser y fortifica. Poesía auténtica que no pretende cumbres, sino un rostro propio que ofrecer, igual que se entrega una flor silvestre del campo. No hay inocencia. Subyace un manifiesto indicio de maestría, una experiencia oculta que no interfiere al lector en su ejercicio hedonista al degustar el misterio poético.

Estos poemas calan los huesos. La voz lleva al bosque íntimo y a la calle vocinglera que el reloj apura. Enciende esperanzas, apuntala angustias, marca los destinos.

Isabel Díez Serrano sabe salir del temporal victoriosa. Su voz se ramifica: ora es árbol gigantesco desmembrado por la tormenta, ora pequeño arbusto temeroso, ora zarza ardiendo… , pero siempre ecuánime, sabedora del triunfo de la paz espiritual y el bien.

Los más recónditos vericuetos del lenguaje son transitados con dignidad y aplomo. Canta con voz de siglos. Escribe con fuego y su luz contagia. El amor en este cuaderno arde, a pesar del aguacero.

Adalberto Hechavarría Alonso
20 de octubre de 2018

ISABEL DÍEZ SERRANO: “LA CANCIÓN QUE AYER FUIMOS”
Endymion publica su poemario “DE LA BRAVA TORMENTA”

“Yo soy la tormenta”, ha dicho Donald Trump eufórico. Pero no es un buen ejemplo.

La poesía tiene maneras más sutiles de expresarse. Y, desde luego, más adecuadas. Los exabruptos de los políticos no casan bien con la sencillez apasionada de los libros de versos. La escritora y promotora cultural Isabel Díez Serrano ha dado a la imprenta, y Ediciones Endymion publicado, su poemario “De la brava tormenta” donde la palabra se convierte en confesión, recuerdo, vehemencia, halago a veces, dolor, confidencia. “Por el cauce/de los pequeños ríos de mi piel/florece el día…”, leemos.
Se trata, generalmente, de versos cortos, etéreos, blancos, rítmicos, musicales. La autora derrocha buena gramática, ordena las ideas, hermana los pensamientos. De todo ello resulta un libro ameno donde la existencia se convierte en esa “brava tormenta” pero, también, en un espacio ameno donde es posible habitar afectos y renovar caricias. Ejemplo de un poema completo: “Nació para el Amor, y estaba ausente./Nació para vivir, pero murió de sed”; otro: “El diablo azul se asoma a mis vitrales,/no penetra la estancia, su osamenta/se ha quedado enredada en las esquinas. Le asusta tanta luz interior”. Pero no es economía de palabras sino manera de expresar fluidamente una idea, de manifestar un momento lírico. Claro que, también encontramos poemas extensos, casi prosas repletas de imágenes, de indagaciones, de vitalidades como el de la página 22, pues ninguno lleva título. “Y si soy barro nuevo beberé de tu azúcar/alfarero quiero, mi vaso modelar,/que no encuentro en la tierra sitio ni acomodo/y pregunto a los astros por otras formas nuevas….”. Son como melodías saliéndonos al encuentro, siendo espejos de cotidianidad, a veces de delicada ofuscación: de ellas surten fuentes inmensas capaces de permitirnos estar cerca. “Déjalo todo, y sígueme”, escribe Juana Castro y nuestra autora comienza un poema, suavemente, diciendo: “Como cuando venías en los hombros del aire/y ataba tu cintura a las ramas del prunus;/allí se columpiaba nuestro afán más sublime…”. Es una manera ordenada de ir poniendo sobre el tapete afectos, deseos, soledades como si, así, pudiéramos hacer un descargo de conciencia e ir edificando los pilares del testamento poético que todo creador cree que debe programar, implícitamente claro.(“Soy el camino donde voy dejando/mis huellas deshacerse”).
En un mundo de prisas, de violencias o de quimeras el que aún existan escritoras y escritores, poetas de ambos géneros o filósofos capaces de dedicar su tiempo a dirigirse a los demás, a veces a sí mismos también, para reflexionar, indagar, en torno al ser humano como objeto de perennes sufrimientos se convierte en una especie de lujo para el lector, para el preocupado por el futuro de la conciencia: “Se acabará la vida y habrá un nuevo concierto/-grave desequilibrio que habita entre nosotros-./Mi ventana está abierta a lo desconocido,/al misterio, ése que se presenta/sin preguntar, a veces sin permiso…”. Posiblemente esa sea una función impecable pocas veces reconocida por los demás, el poeta navega solo en las aguas procelosas de lo cotidiano. “Feo que el cuerpo tenga que envejecer/parta volar de amanecida”, escribe el chileno Gonzalo Rojas enfrentándose, de esta manera, a la vejez, a la devastación, algo que suele preocupar a poetas clásicos y vecinos del verano. Díez Serrano dice “Solo quiero en mi tumba flores blancas/que amanezcan al sol y ante sus rayos/de rodillas se postren, infinitas”, con lo cual acepta la muerte, la consumación, el gran teatro de la eternidad, con la conformidad del creyente o la sabiduría del poeta. (“Soy el camino donde voy dejando/mis huellas deshacerse”). La realidad impera en la poesía contenida en estas páginas, nos permite penetrar en el discurso moderado aunque decisivo de una autora, ya experimentada pues ha publicado 35 libros, capaz de transmitirnos su pensamiento con pujanza y determinación. “Palabra que naciste/del Verbo primigenio./¿Te asentarás en mí?”, se pregunta.
La autora que fue distinguida con el Premio “Vasconcelos 2015” ha incluido en su libro unas delicadas ilustraciones de la Hermana Teresa de Jesús Castaño repletas de insinuaciones y fantasías. Junto a la de la página 62, una muchacha leve y hermosa que toma en sus manos agua de un pozo, aparece los siguientes versos: “Por fin amaneció y no sabía/si había de nutrirme el calendario./Opaca luz se asoma a la ventana./Regreso de los sueños, su profundo/elixir que rebosó mi copa/y mi fuego interior se fue extinguiendo./Abro los ojos pero quedo en quietud,/el peso de la vida me traiciona”.
Mantener esa profesión de poeta, escribir en el viento nuestros deseos, esperar que nuestros adolescencias, amores y tristezas se conviertan en un libro que cabalgue en las estanterías o se muestre en los escaparates es un deseo natural de quien deja sus versos en el futuro. Razonable o no, es forma, gratuita como decimos siempre, de intentar permanecer más allá de todas las tragedias. “La lucha sigue intacta”, escribe Isabel Díez Jiménez y, al final nos recuerda, precisamente, “La canción que ayer fuimos”.

Manuel Quiroga Clérigo
Majadahonda, 30 de Octubre de 2018. Llueve.

Antonio Rey Haza. España

Querida Isabel:
Quiero agradecerte tu hermosa, además de brava, tormenta lírica, que he leído y releído hace tiempo con verdadero placer. Me parecen versos sentidos de verdad, tan hermosos como auténticos, lo que no suele ser habitual. En fin, enhorabuena: sigue escribiendo así, con la misma gracia, hondura y sencillez de tan “brava tormenta”. Un fuerte abrazo.

Antonio Rey Haza

Francisco Mena Cantero. España

Admirada poeta:

Gracias por “De la brava tormenta” que sí lo es por el estímulo al lector para subir hasta lo más espiritual y, finalmente hasta el “Donde” en que se halla Dios.
Perfecto poemario en forma y fondo con imágenes, metáforas y palabras que solo recuerdan a ti Isabel, pues como los vinos, tu poesía se enriquece con el tiempo…
Espero reanudemos nuestra relación epistolar y felicidades por tu “tormenta”. Abrazos

Paco

Lourdes Royano. Universidad de Cantabria. Acuse de recibo.

Francisco Henríquez: Miami. Acuse de recibo.

Alejandro Moreno. España

Querida Isabel

¡Qué gracia me ha hecho leer tu expresión “esta chiquilla está mal de la cabeza, decir que lo ha visto, ah…”!

Bueno, pues si crees que lo has visto, lo has visto.
No, tú qué vas a estar mal de la cabeza. Yo te veo mucho más como la “rosa ungida” que le dices a Rosamarina.

No me sorprende que te sientas “estrella sobre el mar” y que te bebas los pájaros, que es lo que pasa cuando el flamenco te levanta de la silla, te posee. Tú tienes acceso a esa posesión, Isabel.

Esa es la posesión que te enciende la casa

“…y pone en nuestros cuerpos su dentadura cálida”

como le decías al maestro granadino.

Brígido Redondo debió de quedarse temblando al leerlo. Brígido, que tan lóbrega visión nos da de la muerte.

Tú, al contrario, como tu poesía, eres la luz, la luz de “las aguas marinas, de las aguas vitrales” de Marzo.

“Una ola de dicha me envuelve, me agiganta…”

Eso es tu poesía, Isabel: dicha pura y luminosa. Aun en el dolor.

Resulta cuando menos intrigante que te preguntes: “¿Crees tú que el poeta es sincero siempre?”

Volviendo al maestro granadino, recuerdo le oí decir algo que me dejó perplejo: “El poeta verdadero es sincero siempre, lo que ocurre es que finge lo que siente” es decir que lo que dice lo dice con un lenguaje fingido porque si no, lo que dice no sería poético.

Y digo yo que será porque sin el velo poético, el lenguaje informa, pero no evoca.

Bueno pues eso es lo que yo veo en tu poesía: la dosis exacta de ficción lingüística para que lo que dices evoque en su justa medida.

“Sencillo como el viento llegas…

…y nadamos en labios de la noche”

Eso es lo que la gente no entiende o por lo menos no lo entiende a la primera y quizás por eso mismo le dices a Rodrigo Pesántez:

“siempre supe que fui contracorriente,

difícil en la selva mi alma herida,

mas sigo, alados brazos, por el aire…

La gente no entiende ( o no se atreve a entender de puro miedo) que detrás de esas palabras se oculta, pudoroso, el “cosquilleo de Dios”.

Y basta ya de enrollarme. Me gusta tu poesía, Isabel. Oigo su música como un tranquilo fuego que no por tranquilo deja de ser fuego.

Espero ver pronto esa “brava tormenta” en el papel.

Un fuerte abrazo

Alejandro

Rosamarina García Munive. Perú

Querida amiga poeta Isabel, auguro desde ya el mejor de los éxitos para esa brava tormenta donde tu verbo hecho carne resonará más allá del tiempo y del espacio. Un abrazo cósmico.

Rosamarina

Rodrigo Pesantez R , Ecuador

Querida y grata ISABEL. No sabes con que satisfacciones inéditas he leído tu último poemario. No son poemas, es el alma de una mujer que se descalza cuando los ríos crecen sin importarle que la noche llame o llegue. No habrá ni siquiera penumbras en tus asombros líricos porque están hechos de fulgores filosóficos con telares de las más copiosas vivencias existenciales en connubio con los morrales de los signos lingüísticos y las significaciones semánticas.
Voy a su relectura y en ese día de tu apoteósica presentación en Madrid, escucharás despacito que te aplaudo mucho, muchísimo, Amiga POETA.
Con un fraterno abrazo desde este Ecuador en la mitad del mundo,

Rodrigo

Lorenzo Suárez Crespo- Cuba

Amiga Isabel:

Acabamos de recibir De la brava tormenta. Qué bien por el correo azul, aunque demorado.
Ya vamos disfrutando de tu universo poético marcado por el protoidioma, pero sobre todo con tanta sinceridad lírica y desbordados sentimientos.
Pienso que tu obra podría resumirse en esos versos donde nos anuncias que “…Lo eterno, lo escondido, se trasmuta, da luz. Se une a la llama…”
Gracias por abrirnos la puerta de tu templo lírico y darnos las llaves del laberinto donde solo late la voz increíble de los poetas.

Abrazos nuestros para los dos.

Irma y Lorenzo.

Carlos Murciano. España

Querida Isabel:

Esta “brava tormenta” tuya ha derramado sobre mi mesa y “sobre mí” una lluvia de versos de mucho calado. “Van pasando los días y, la siembra” de tus poemas sigue generando hermosas cosechas.
Enhorabuena. Un fuerte abrazo

Carlos Murciano

Prof. Antonio Enrique:
Querida Isabel:

Me ha dado mucha alegría saber de ti por este poemario repleto de vida como las plantas que están dando flores en esta época del año. “De la brava tormenta” es una explosión de amor con sus luces y sombras. Es un libro que acompaña con su interesante música, que es la del corazón. En tu corazón caben todos los jardines.
Gracias por tu recuerdo.
Un cordial abrazo

A. Enrique

Antonio Rey Haza. España

Querida Isabel:
Quiero agradecerte tu hermosa, además de brava, tormenta lírica, que he leído y releído hace tiempo con verdadero placer. Me parecen versos sentidos de verdad, tan hermosos como auténticos, lo que no suele ser habitual. En fin, enhorabuena: sigue escribiendo así, con la misma gracia, hondura y sencillez de tan “brava tormenta”. Un fuerte abrazo.

Antonio Rey Haza

Francisco Mena Cantero. España

Admirada poeta:

Gracias por “De la brava tormenta” que sí lo es por el estímulo al lector para subir hasta lo más espiritual y, finalmente hasta el “Donde” en que se halla Dios.
Perfecto poemario en forma y fondo con imágenes, metáforas y palabras que solo recuerdan a ti Isabel, pues como los vinos, tu poesía se enriquece con el tiempo…
Espero reanudemos nuestra relación epistolar y felicidades por tu “tormenta”. Abrazos

Paco

Lourdes Royano. Universidad de Cantabria. Acuse de recibo.

Francisco Henríquez: Miami. Acuse de recibo.

Alejandro Moreno. España

Querida Isabel

¡Qué gracia me ha hecho leer tu expresión “esta chiquilla está mal de la cabeza, decir que lo ha visto, ah…”!

Bueno, pues si crees que lo has visto, lo has visto.
No, tú qué vas a estar mal de la cabeza. Yo te veo mucho más como la “rosa ungida” que le dices a Rosamarina.

No me sorprende que te sientas “estrella sobre el mar” y que te bebas los pájaros, que es lo que pasa cuando el flamenco te levanta de la silla, te posee. Tú tienes acceso a esa posesión, Isabel.

Esa es la posesión que te enciende la casa

“…y pone en nuestros cuerpos su dentadura cálida”

como le decías al maestro granadino.

Brígido Redondo debió de quedarse temblando al leerlo. Brígido, que tan lóbrega visión nos da de la muerte.

Tú, al contrario, como tu poesía, eres la luz, la luz de “las aguas marinas, de las aguas vitrales” de Marzo.

“Una ola de dicha me envuelve, me agiganta…”

Eso es tu poesía, Isabel: dicha pura y luminosa. Aun en el dolor.

Resulta cuando menos intrigante que te preguntes: “¿Crees tú que el poeta es sincero siempre?”

Volviendo al maestro granadino, recuerdo le oí decir algo que me dejó perplejo: “El poeta verdadero es sincero siempre, lo que ocurre es que finge lo que siente” es decir que lo que dice lo dice con un lenguaje fingido porque si no, lo que dice no sería poético.

Y digo yo que será porque sin el velo poético, el lenguaje informa, pero no evoca.

Bueno pues eso es lo que yo veo en tu poesía: la dosis exacta de ficción lingüística para que lo que dices evoque en su justa medida.

“Sencillo como el viento llegas…

…y nadamos en labios de la noche”

Eso es lo que la gente no entiende o por lo menos no lo entiende a la primera y quizás por eso mismo le dices a Rodrigo Pesántez:

“siempre supe que fui contracorriente,

difícil en la selva mi alma herida,

mas sigo, alados brazos, por el aire…

La gente no entiende ( o no se atreve a entender de puro miedo) que detrás de esas palabras se oculta, pudoroso, el “cosquilleo de Dios”.

Y basta ya de enrollarme. Me gusta tu poesía, Isabel. Oigo su música como un tranquilo fuego que no por tranquilo deja de ser fuego.

Espero ver pronto esa “brava tormenta” en el papel.

Un fuerte abrazo

Alejandro

Rosamarina García Munive. Perú

Querida amiga poeta Isabel, auguro desde ya el mejor de los éxitos para esa brava tormenta donde tu verbo hecho carne resonará más allá del tiempo y del espacio. Un abrazo cósmico.

Rosamarina

Rodrigo Pesantez R , Ecuador

Querida y grata ISABEL. No sabes con que satisfacciones inéditas he leído tu último poemario. No son poemas, es el alma de una mujer que se descalza cuando los ríos crecen sin importarle que la noche llame o llegue. No habrá ni siquiera penumbras en tus asombros líricos porque están hechos de fulgores filosóficos con telares de las más copiosas vivencias existenciales en connubio con los morrales de los signos lingüísticos y las significaciones semánticas.
Voy a su relectura y en ese día de tu apoteósica presentación en Madrid, escucharás despacito que te aplaudo mucho, muchísimo, Amiga POETA.
Con un fraterno abrazo desde este Ecuador en la mitad del mundo,

Rodrigo

Lorenzo Suárez Crespo- Cuba

Amiga Isabel:

Acabamos de recibir De la brava tormenta. Qué bien por el correo azul, aunque demorado.
Ya vamos disfrutando de tu universo poético marcado por el protoidioma, pero sobre todo con tanta sinceridad lírica y desbordados sentimientos.
Pienso que tu obra podría resumirse en esos versos donde nos anuncias que “…Lo eterno, lo escondido, se trasmuta, da luz. Se une a la llama…”
Gracias por abrirnos la puerta de tu templo lírico y darnos las llaves del laberinto donde solo late la voz increíble de los poetas.

Abrazos nuestros para los dos.

Irma y Lorenzo.

Carlos Murciano. España

Querida Isabel:

Esta “brava tormenta” tuya ha derramado sobre mi mesa y “sobre mí” una lluvia de versos de mucho calado. “Van pasando los días y, la siembra” de tus poemas sigue generando hermosas cosechas.
Enhorabuena. Un fuerte abrazo

Carlos Murciano

Prof. Antonio Enrique:
Querida Isabel:

Me ha dado mucha alegría saber de ti por este poemario repleto de vida como las plantas que están dando flores en esta época del año. “De la brava tormenta” es una explosión de amor con sus luces y sombras. Es un libro que acompaña con su interesante música, que es la del corazón. En tu corazón caben todos los jardines.
Gracias por tu recuerdo.
Un cordial abrazo

A. Enrique

RÉQUIEM POR UNA MADRE

Por Lola Benítez Molina

Malaga

Isabel Díez Serrano ofrece, con su obra “Réquiem por una madre”, la grandeza de su psique, de su poder creativo y de su sensibilidad extrema al darle aliento y vida y sentido a los bellos poemas de esta obra, que permiten dilucidar el caudal de emociones, sentimientos y evocaciones ante la muerte de su madre. Isabel nos muestra un alma profundamente dolorida, lo inefable con una sutileza y riqueza inigualables, pero, a su vez, es un libro abierto a la esperanza del reencuentro, inundado de fe y de uno de los amores más intensos que existe, el referido a una madre que lo da todo por sus hijos.

            Cada verso destila un manantial de sabiduría. No es una madre ausente, no puede serlo, pues su savia permanece, aunque el dolor se hace innegable como demuestran estos magníficos versos:

Ya la tierra está también difunta

debajo del ciprés.

Ya se ve la mortaja en la cara de la luna.

 La poesía de Díez Serrano “es justamente, refiere Tomás Segovia, esa cosa milagrosa de llegar a la sabiduría. Lo que siempre me ha deslumbrado de la poesía es que cuando ya no era joven y escribía un poema, yo sabía que no era tan sabio como mi poema. Es la poesía la que es sabia. Es lo milagroso. La tentativa del poeta es producir algo que le asombre a sí mismo”. La poesía de Isabel Díez nos seduce con sus luces y reverberaciones, perfectamente creadas por la poeta, portadora de esa sapiencia que muy pocos aciertan a alcanzar.

Ya la tibia azucena de tu boca

se quedó encarcelada en el recuerdo…

 Aunque es un poemario impregnado de hondo dolor y palpitar, la presencia de la madre se hace patente e ilumina la vida de la autora, que destila, a su vez, profunda fe y esperanza, lo que sin duda da sentido a nuestra vida y nos transmite la luz necesaria para continuar el camino.

La poética de Díez Serrano tiene sus raíces, su génesis, en unos valores humanos y espirituales innegables, que generan esa vigorosidad, esa sensibilidad y emociones vivas extraordinariamente enriquecedoras, con una dignidad literaria paradigmática.

Isabel Díez es consciente no sólo de lo que quiere decir, sino cómo desea decirlo. De ahí la cohesión y la armonía que palpitan en cada página de su obra.

Carlos Benítez Villodres

LA MIRADA ACTUAL

      09/08/17.- SAN LORENZO DE EL ESCORIAL .-La escritora Isabel Díez Serrano ha presentado el libro Revelaciones líricas (Epístolas) en el Centro Cultural de San Lorenzo de El Escorial. Estuvieron presentes en el acto la alcadesa de San Lorenzo de El Escorial, así como los concejales de Cultura y Turismo. El libro ha sido editado por Endymión.

El escritor Ramón Fernández dio lectura a las palabras de Julia Sáez-Angulo en las que decía:

      El género epistolar, importante en la historia de la Literatura va desapareciendo en el presente, por ello hay que celebrar que Isabel Díez Serrano lo haya cultivado en su reciente libro titulado Revelaciones líricas (Epístolas), publicado por la editorial Endymión y que hoy presentamos en este Centro Cultura de San Lorenzo.

            Recordemos obras importantes con este género epistolar en la Historia de la Literatura, como son las Epístolas  de Horacio, siglo I antes de Cristo, Epístolas que dieron origen al género; la Epístola Moral a Fabio de Andrés Fernández de Andrada, siglo XVII, cumbre de la epístola horaciana, que invita a la resignación de una vida en el “aurea mediocritas” o “dorada medianía” o las Cartas Marruecas de José Cadalso, excelente novela epistolar de un militar erudito como fue su autor en el siglo XVIII.

        En su libro Revelaciones líricas, Isabel Díez Serrano nos ofrece siete epístolas literarias y morales, dirigidas especialmente a los ganadores del prestigioso Premio Vasconcelos que se otorga en México.  Aclaremos que la propia autora fue galardonada con el Premio Vasconcelos en 2015, un punto de inflexión literaria singular en su vida, por cuanto le permitió conocer y tratar a un mayor número de importantes escritores latinoamericanos y comprobar su afecto y bonhomía en el transcurso de años sucesivos.

            Los escritores a los que van dirigidas las cartas son: Alfonso Larrahona Kästen, de Chile; Francisco Henriquez, residente en Miami; Rosa Marina García Munive, de Perú; Manuel de la Puebla, de Puerto Rico; Brígido Redondo, de México; Lorenzo Suárez Crespo, de Cuba, y Rodrígo Pesántez Rodas, de Ecuador. Isabel Díez Serrano mantiene con todos ellos una correspondencia habitual, bien sea por carta, correo electrónico y sobre todo por la lectura comentada de sus obras literarias, que es la mejor forma de comunicarse con un escritor.

          Resulta curioso que la relación literario-epistolar de la autora con cada autor, tenga un tono y cadencia diferentes, porque distintos somos todos y más aún los escritores. La cercanía y la amistad se gradúa, según la relación más o menos cercana que se sostenga. Es lo adecuado y lo correcto entre personas, entre los seres humanos. Las confidencias y comentarios de la autora se gradúan según la cercanía y amistad. Una cercanía, que ahora se hace pública al lector que se acerca al libro Reflexiones líricas (Epístolas).

           Ni qué decir tiene que todos los escritores latinoamericanos citados en el libro se siente orgullosos y horados, por haber recibido una amplia epístola literaria publicada de esta autora sevillana, crecida en Madrid y que hoy reside en El Escorial. Así se lo han manifestado algunos de ellos a la autora en nuevas misivas escritas.

          !Os quiero poetas!, dice Isabel al final de su libro. Ella es conocedora, sabedora, de que la poesía une y hace cómplices de un lenguaje que se caracteriza por la metáfora y la elipsis, la capacidad de sugerencia del género. En el libro Revelaciones líricas, la autora utiliza la prosa por primera vez en uno de sus libros; la prosa es más concreta y directa, en ella no cabe –al menos con igual intensidad- la ambigüedad sugerente o la polisemia diluida de las palabras a la que con frecuencia lleva la metáfora.

         “Doña Isabel, ¿no escribe usted narrativa?”, le formuló la pregunta el humanista y mecenas mexicano Fredo Arias de La Canal, con ese castellano lleno de donosura, que tienen los latinoamericanos de élite. “No”, hubo de contestar la escritora española, pero la pregunta resonó en su mente y ello le animó a escribir prosa en estas  Epístolas que hoy presentamos. Unas epístolas en prosa, pero que a su vez conllevan fragmentos de poemas propios y ajenos, sobre todo de los escritores referidos.

            En Revelaciones líricas, Isabel se dirige e interpela al destinatario de su epístola y le hace partícipe de su pensamiento, de sus observaciones, sentimientos, creencias, de su vida más íntima e intensa, como son sus experiencias ascéticas y me atrevería a decir que místicas, que conectan con la mejor tradición literaria castellana del Siglo de Oro, como son los escritos de Santa Teresa de Ávila y San Juan de la Cruz, cumbres de la lírica en lengua española. Isabel Diez recuerda la lectura de estos místicos en ediciones maravillosas de papel biblia que adquirió en su día.

Momentos de asombro, exaltación y éxtasis

         La autora de Revelaciones líricas desnuda su interior en la escritura y participa sus momentos de asombro, exaltación y éxtasis; todo ello lo comunica no solo al interpelado sino a todo lector que se aproxima a su libro. “Hubo momentos en que no sentía mi cuerpo, no sentía la materia, creía que estaba muerta”, revela la autora, que nos habla de luz, de iluminación, de revelación sucesiva, de Dios mismo, hasta repetir con Juan de la Cruz el hermoso verso con aliteraciones: “le di a la caza alcance”, leyenda que un centro de espiritualidad de Segovia lo muestra como divisa en un repostero mural.

            Recordemos por entero la estrofa del cuarteto de san Juan de la Cruz:

Tras de un amoroso lance
y no de esperanza falto,
volé tan alto, tan alto,
que le di a la caza alcance.

           Isabel Díez Serrano en su libro se asombra, ella misma, de ese vuelo alto al que le lleva la poesía mística, de ese privilegio de hablar y sentir a Dios, más allá de los méritos propios. “He visto al ángel”, afirma Isabel Díez. No olvidemos que ella, la autora de Revelaciones líricas fue accésit del premio Fernando Rielo de poesía mística en 1996, con su libro Las horas detenidas, publicado en 1998. Isabel conoce también y sostiene correspondencia con el poeta dominicano Bruno Rosario Candelier, cabeza de los poetas interioristas, de quien ha tomado un fragmento de su obra para el pórtico del libro que nos ocupa, titulado “La intuición de la conciencia mística”. Un extracto de Experiencia mística y fenómenos de conciencia (Cauce y sentido de la revelación de lo divino).

          Para Isabel Díez Serrano, la ascesis y la mística tienen mucho que ver con el aforismo griego “Conócete a ti mismo”, que figuraba en el atrio del templo de Apolo en Delfos. La interiorización en el espíritu ayuda a bucear en uno mismo, para ver y conocer lo negativo y lo positivo que uno tiene. Con ello se llega a un punto hermoso de libertad interior. Omnia munda mundis!, “Todo es puro para los limpios de corazón”escribía Pablo de Tarso a su discípulo Timoteo. El hombre fue creado a imagen y semejanza del Creador, nos enseña el Génesis.

          Dios y Eros, Eros y Dios están presentes en la obra de Isabel Díez. El escritor Ramón J. Sender, exiliado en San Diego, tras la guerra civil de 1936-39, escribió una novela sobre Santa Teresa de Jesús, después descatalogada, que se titula El Verbo se hizo sexo (Madrid, 1931)Una curiosa conjunción que experimentan los místicos. Sender reescribió la novela en “La puerta grande”, dentro del libro Tres novelas teresianas.

           Dicho todo esto, quizás convenga recordar unas mínimas pinceladas de la trayectoria literaria de Isabel Díez Serrano, autora nacida en Sevilla, crecida en Madrid, autora de 39 libros, entre ellos: Requien por una madre (1998), Antología de la poesía cósmica (2004); Aromas de Relámpago (2010) o Relámpagos interiores (2010)… La autora figura en más de cien antologías y cuenta con poemas musicalizados, muchos de ellos se han traducido al inglés, francés, italiano, japonés y ruso. Es miembro de la Asociación Colegial de Escritores de España, pertenece a la Asociación de Escritores y Artistas Españoles y a CEDRO.

          Es una promotora cultural nata: preside el Foro de las Letras en el Ateneo Escurialense y ha formado parte de la tertulia poética Prometeo, habiendo sido nombrada Presidenta de la Asociación por dos convocatorias consecutivas. Ha fundado el taller de poesía “Príncipe de Asturias” y ha fundado y dirige la revista digital semestral Oriflama,en la que colaboran numerosos escritores de uno y otro lado del Atlántico.

            RECAPITULEMOS para concluir:

          Para Isabel Díez Serrano: Amor, Dios y la Poesía son tres conceptos que alimentan su vida, tres palabras claves en su escritura, tres razones decisivas de su espíritu. Ella lo dice literariamente así:

Busqué el Amor,
Hallé la Poesía.
Venían de la mano.

          “Me explotó la poesía en las manos y no pude contenerme”, confiesa la escritora (pag 119). Poesía con mayúscula, en un arrebato ascético-místico. Poesía donde está la luz y el abrazo al mismo tiempo, la unión con el Todo y la nada, con el misterio del universo. La iluminación del alma.

      Con su libro Revelaciones líricas (Epístolas), Isabel Díez nos hace partícipes de su vida, de su escritura y de su aliento. Es un libro que requiere atención y cierta complicidad del lector para su plena comprensión y disfrute. Las confidencias epistolares con los escritores latinoamericanos llegan a nosotros, los lectores, con toda intensidad y eso se agradece. Léanse, si no, la página 117 del libro.

       Revelaciones líricas (Epístolas), de Isabel Díez Serrano es un libro valiente, desnudo y a veces descarnado. Vale la pena adquirirlo y leerlo.

CARTA DE LA CAMPAÑIA DE MANUEL QUIROGA CLÉRIGO

Este autor, madrileño, afincado en Madrid, viajero por el mundo y amante de los paisajes cántabros de San Vicente de la Barquera y de la Galicia paterna, nos inunda con sus versos de viaje. Su libro “Carta de la Campan(i)a” (Aebius, Madrid) con una bonita dedicatoria “Para Claudia. Si Italia nos acoge la inspiración despierta” nos lleva a una pregunta: ¿La Poesía de viajes es un género?. A la vista de las páginas de su libro diríamos que sí, sobre todo al ver que el autor eligió ese singular camino o subgénero lírico que, precisamente, da para mucho pues Manuel Quiroga Clérigo además de buen poeta y buen narrador siente una gran curiosidad por conocer nuevos lugares, gentes distantes, mundos diferentes. De ello habla en este libro, por ejemplo “En Trapani”, “la noche tiene olor a nostalgia” o cuando dice “Desde lejos el mundo se siente más cercano” o al hacer constar que en ese universo, de repente, las “Carreteras perdidas con su fulgor de plata/nos siguen conduciendo al continente alado”.

Así, es capaz de describirnos  una ciudad, mostrarnos un rincón, hablar de algo que le llamó la atención o pellizcó un pedacito de su corazón porque, el poeta, no nos hace una mera descripción de lo visto sino que le infunde ese soplo, ese lirismo que hace de su viaje algo casi íntimo. De esa manera lo sentimos al leer y nos invade un halo mágico que nos envuelve y nos llega a un lenguaje diferente al de la novela o el relato. Es el lenguaje de la Poesía, la cual se viste de magia o de misterio, embelleciendo la palabra que llega de muy dentro y al tiempo de muy lejos.

Esta “Carta de la Campan(i)a” nos muestra un bello recorrido por Italia, la Italia visitada y siempre recordada que el poeta visita con esa sensibilidad de cualquier ser humano al coleccionar los recuerdos del paso por los años y por la existencia: “De madrugada, sigo recordándote toda”. Y ese recordatorio, ese afán continuo, de seguir almacenando en la memoria todo lo bello que encuentra a su paso es lo que impacta al lector, pues continúa en su retina hasta maridarlo con la palabra, ese utensilio del poeta que se convierte en su mejor y más valioso tesoro.

Manuel Quiroga Clérigo tiene la virtud de escribir el verso largo, perfectamente sonoro, unas veces rimado y otras no pero siempre con ese peculiar ritmo de arte mayor como son el alejandrino o el endecasílabo, tan amigos de los poetas clásicos y de los buenos creadores pero a los cuales no tienen acceso de una manera tan agradable. En la página 15 de este libro leemos “Milán bajo la lluvia”, un poema extenso, una delicada prosa poética repleta de belleza y de musicalidad. Van apareciendo versos que se cortan en alejandrino, un endecasílabo, un heptasílabo… Nos referimos a ese ritmo tan ideal del metro italiano para el cual el autor tiene un oído fino y educado y es que escucha, más que oye, la cadencia del verso lo cual sucede no cuando se pretende sino cuando el poeta posee la experiencia y el gusto apropiados; no precisa, pues, crear formas nuevas sino adaptarse a lo ya conocido y darle continuidad porque está escribiendo, recordando, sintiendo, el ritmo de su propio corazón. Diríamos que Manuel Quiroga es un poeta viajero pero también del Interiorismo porque penetra en el alma de las cosas, se asombra ante ellas y las ama desde todos los comienzos: lo hace con ese lenguaje siempre poético y nunca cabalístico de su propia intuición.

“Es que Milán a solas es un mundo inventado, el lugar de los sueños, ese trozo de vida que alguien está esperando, el tapiz restaurado al que las primaveras regresarán constantes. Quedan los horizontes rodeados de espíritus, los caminos pausados de la lluvia temprana, las historias recientes de tranvías, balcones. Milán bajo la lluvia es un mundo de imágenes”.

                                      ¡He aquí un poeta!

Isabel Díez Serrano

LLUVIA DE VERANO

Autor : SERGIO GARCÍA SORIANO

Sergio García Soriano, se estrena con su primer libro de poemas con luminosa y colorida portada donde dice: “Lluvia de verano”.  Sabedora de que Sergio posee amigos tanto como conocidos en el mundo de las letras, la Poesía, como de la Psicología o Periodismo, incluso la Radio, quedo perpleja ante la petición o quizás la orden: -¡Isabel, tengo un libro y quiero que me lo presentes en el Ateneo¡- Ah, bien –contesto- pero tráemelo.  Digamos que acepto de buen grado porque ya conocía parte de su poesía inédita y esperaba que algún día diese el gran salto, ese que tanto nos asusta pero que tanto deseamos y por eso nos gusta dejarlo en buenas manos.

El autor divide el poemario en tres partes: I: HA LLEGADO EL TIEMPO DEL ÉBANO, II: INVENTEMOS EL TIEMPO Y III: ÁLAMOS Y LEJANÍA, aunque todo él, diríamos lleva un hilo conductor: la existencia, la vida, la creación con su  valle de lágrimas, tristezas, nostalgias, gritos, preguntas sin respuesta, esperanza perdida, tiempo de ébano entre brumas, luz de luna, esa voz que requiere el poeta y lo hace a la misma Poesía para ensordecer a la pena y a la avaricia. Sueños, Morfeo; Sergio es un autor que sueña quizás tanto los sueños dormidos como los despiertos, Morfeo aparece en sus versos y no le importaría abrasarse de nuevo por la entrega del fuego prometeico. Las ciegas estrellas, las puertas del sueño. Memoria: ascuas de oscuridad, dice, en “Oda al olvido”, siendo así que necesitamos los recuerdos para hilvanar la historia, nuestra historia, para ser más sabios, para no ser únicamente un arbusto (Ah, ya no quiero ser/ una arboleda seca, un ánfora vacía)I.Díez, y siente una punzada de esperanza en  “Tierra extraña”  donde sus adentros sienten como lepra en la Tierra del Hombre.

Existencia desbaratada, presume, pero en ese caminar a punto de naufragio aún puede salvarse. Y entonces se pregunta qué haría él en este mundo cuando las confusiones le asolan y, sabe que ha llegado hasta aquí y que aún hay mucho camino por andar.
Hermoso poema: “Tienes el mar de los atributos” amoroso, erótico como no es la primera vez que hemos escuchado la poesía de Sergio García y de esta forma nos adentra en los senderos del amor, donde nos sorprende con “rotos los ojos por tanta claridad” o “las prendas sabor limón/ con espigas de fresa”,  “Un ojo verdea entre pieles sin perfumes”… Y es en este capítulo del amor donde vemos a Sergio con mayor coherencia pero con las figuras poéticas justas y necesarias, imágenes acertadas, léxico, vocablos que aumentan el valor de lo expuesto ya que de Poesía estamos hablando.

Hemos de notar que Sergio García Soriano ya en el primer poemario que hoy nos ocupa se nos muestra como un poeta cósmico atendiendo a las Leyes de la Creatividad que enuncia el Protoidioma descubierto ya hace cincuenta años por el psicoanalista del lenguaje poético Fredo Arias de la Canal y, esto es bueno, nos enseña Arias de la Canal porque el poeta toma del inconsciente colectivo ciertas palabras que le son reveladas y que están ahí para todos pero que sin embargo solo el buen poeta tiene acceso a ellas porque de alguna forma, en este teatro de la vida, mientras escribe, está actuando de “médium”  como también Sócrates ya apuntara, aunque ni siquiera fuese esa su intención o llegara a darse cuenta de ello; Platón: “Los poetas –los buenos- especifica- son éntehoi”, es decir tienen un dios dentro y por eso, la verdadera inspiración contribuye a sacar a la luz aspectos de la existencia que pasan desapercibidos en el fluir cotidiano.  Veamos estas tres Leyes de la Creatividad:
Primera Ley:
Los arquetipos que concibe el poeta durante sus sueños o estados de posesión provienen de su propio inconsciente o paleocortex cerebral y se hacen conscientes al percibir, escribir o recordarlos.
Segunda Ley:
Todo poeta es un ser que simboliza sus traumas orales con arquetipos pertenecientes al inconsciente colectivo, del cual su propio inconsciente es parte integrante.

Tercera Ley:
Todo poeta concibe en menor o mayor grado arquetipos cósmicos: cuerpos celestes asociados principalmente a los símbolos: ojo, fuego y piedra y secundariamente a otros arquetipos de origen oral-traumáticos.

Versos como: “la nieve y tus ojos”, “estrella lejana”, “lluvia azul”, “fósforos apagados”, “estrella de amianto” “traspasar el Universo”, “sus crines enlutadas en sangre”, “punzadas de esperanza”, “una estrella serpentea nuestras bocas” y más adelante ya en la tercera parte del poemario de “ lluvia de verano”: Piedras / callados jardines petrificados”. Todos estos versos y muchos más conforman los arquetipos dentro de la Poesía Cósmica y me atrevería a decir Oral traumática.

Veamos en:  “Candados humanos”,  como nos va adentrando en el misterio:
Tan cercanas estaban esas cabelleras…
Germinaban voces como arroyos…
Ahora, esos estambres en los ojos
que tanto amé
se han convertido en candados humanos
que dan sombra a mi caminar,
que su ternura se ha sumergido en las turbulencias.
Sobre barca del pantano,
suena un rumor de pájaros desolados…
¡Sonámbulos arcángeles, custodiad el corazón del mundo
sólo ustedes pueden hacer jirones de los arcanos indemnes!

Y el autor se pregunta: “¿Y si el ser humano tiene tanto miedo a la libertad como a su propio arte? ¿Y si la libertad fuesen retazos/ de música, de versos, de lienzos/ encima de una mesa camilla?” Duda y de nuevo vuelve a la tristeza de las preguntas ciegas, las respuestas a medias ¡…sin noticias de Dios!.  Para finalizar, otra de de los aspectos a destacar y que hemos de agradecer a Sergio García en esta primera entrega poética es su amor a la naturaleza que satura las páginas mas nunca sobra ya que ésta fue testigo de su asombro, de su luz primera en Santa María de la Alameda, hermoso pueblo de la serranía madrileña que nos llena de colorido, de aromas, para bien de los ojos, del espíritu.
Misterio, misticismo, naturaleza, conocimiento y revelación, quizás profecía, es lo que nos ofrece Sergio, preguntas con necesidad de respuesta que quizás él mismo  algún día pueda darnos. Arropamos esta “Lluvia de verano” para que continúe su andadura en un cálido otoño o gélida primavera.  Y sobre todo ¡Qué Dios le responda, le acompañe y… le dé la palabra!

Isabel Díez Serrano
“Vasconcelos 2015”

Leonora Acuña de Marmolejo

Ha llegado a mis manos el maravilloso poemario LA LLAMABAN LOCA de la autoría
de la prolífica poeta y escritora sevillana Isabel Díez Serrano.

Avanzando (degustando diría yo) página por página del libro, se observa que los poemas que lo conforman, vienen a ser una forma de crónica histórica sobre la andadura del gran personaje de la corona española, llamada JUANA la Loca (1479-1555) reina de Castilla en 1504, hija de Fernando y de Isabel, esposa del archiduque de Austria Felipe el Hermoso y madre de Carlos Quinto. La crisis emocional que padecía, se agravó tras el dolor por la muerte de su esposo , y terminó perdiendo la razón. De ahí el apelativo de Juana la Loca.

Los poemas de esta obra reflejan el acopio del admirable y concienzudo studio biográfico (hecho por la autora) del personaje que los origina, y que Díez Serrano con gran pericia presenta más que todo en verso libre: “el mar no quiere diques, quiere playas,/” como dijera la uruguaya Delmira Agustini en su poema “Rebelión”; y dicho sea de paso ya que el meollo de este libro envuelve la locura, la poeta también uruguaya, Eugenia Vaz Ferreira la mejor amiga de Agustini murió en estado de demencia.

Sólo dos sonetos hay en este libro: “Hoy quisiera rendirme a tus antojos” (con estrambote) pág. 27, y “No sé cuál ha sido mi pecado” (pág. 65).

En los primeros poemas, la autora presenta a Juana la protagonista, luego a su esposo Felipe , a Leonor su primogénita; más adelante al primogénito Carlos I, y así a sus seis hijos y al resto de familia hasta presentar a toda la dinastía.

Se ha dicho que todos tenemos un poco de locos, igual que estar borracho, drogado, o segado por una pasión o fanatismo; y así suele decirse: “Cada loco con su tema”; y sobre este particular se han escrito muchos libros entre estos El Loco, de Khalil Gibrán y la importante obra clásica el Elogio de la locura (1510), de Erasmo (Desiderio) de Rotterdam que entre otras cosas concluye que la genialidad está al borde de la locura, y que mucha gente que parece loca, no lo es sino que justamente es superior. Sobre este tópico, precisamente la autora de esta reseña tiene un poema titulado “No está loco el poeta”, en su libro Brindis por un Poema, Plaza & Janes, 1995.

Es de anotar que la constante subyacente, el leitmotiv en los poemas del libro en cuestión, son en esta caso el amor, y la locura como una consecuencia. La vehemencia en el comportamiento de la singular protagonista Juana quien llega a la locura: “Y la locura le ganó el terreno” (pág. 74), pone un mojón en la historia de España. No es fácil escribir tan exitosamente en versos en forma de crónica (como lo ha hecho Isabel), la historia de toda la vida de este personaje. De aquí que se haga Sine Qua Non, decir que de esa chispa inspiradora de su estro cargado de gran lirismo e imaginación, y como un reflejo de la impronta de ese joie de vivre que palpita en sus venas, junto a la sensualidad y a la sensibilidad que la caracterizan, brotan sus versos magistrales. A tal punto de apasionamiento poético llega nuestra poeta, que a veces parece instalarse anímicamente en el cerebro de la protagonista y en su ámbito personal, para así interpretar su sentir, y tratar de entender su locura.

Yo diría que aunque Isabel Díez Serrano nuestra querida poeta hispalense, en su honestidad y modestia no lo reconozca, bien podemos considerar este libro como el Chef-D’cevre de su obra poética.

En su poema “Mi corazón” (pág. 26), del grupo “Del amor ausente”, brotan estos versos un tanto dolidos: Me falta mucha fuerza para esta soledad,/ sin madre, sin esposo/ sin cayado que pueda sostenerme.

En el soneto “Hoy quisiera rendirme a tu mirada” (pág. 27), ya rendida en su batalla por el amor, reconoce su derrota: […] El as de corazones he perdido […] Amor, amor, porque probé lo pido.

Se repiten en sus poemas los vocablos: alocadamente, locos, locos, como en el poema “Aquí me quedo, amor entre barrotes” (pág. 28): Ay de mis noches, noches como espadas/ juguetonas caricias tan subidas/ de almas que se aman y desbocan/ y alocadamente deslizan por la sábanas / sus cuerpos lacerados, sudorosos/ locos, locos de amor, casi animales.

El poema “Te quiero bajo el sol” (pág. 29), desgrana estos versos: Ay, mira soy, alta mar y montaña/ y ya nunca podrás deshabitarme/. Y más adelante prosigue: Y en la mañana, amor, te quiero aún/ aunque siga callada, / que ya nada del mundo ni del reino que herede / alcanzarán la ruta que mi locura anida.

El poema titualdo “Encinta de nuevo doña Juana” (pág. 46) habla del sexto hijo, tras de lo cual Felipe el Hermoso falleció; entonces vienen estos versos de lamento: ¡Ay, Felipe el Hermoso!/ ¡Ay, locura de Juana!/ Ay de los enamorados/ no pudiendo escalar tanta desdicha/. Tal como se ha considerado, la muerte del esposo fue un factor consecuencial que desencadenó la locura de Juana.

En la página 52 el poema “Caballero de mi vida en horas fértiles” hace referencia a la extensión de sus raíces por otros puntos geográficos de Europa, cuando dice: Nuestra savia recorrerá los campos/ de España, de Alemania, en nuestros hijos/ hijos que dio la vida/ a dos enamorados, llamado tú el “Hermoso”.

El título del poema de la página 60: Juntaremos el “ polvo enamorado ” , hace alusión al famoso soneto “Amor más allá de la muerte” del insigne escritor y poeta Francisco de Quevedo y Villegas, y se expresa así: Espérame tú ahora, amado mío/ yo, tu reina, hoy riego con mis lágrimas / tu voz, o tus deshechos huesos.

En los versos de la página 73, nos damos cuenta de cuando Juana fue internada en un reclusorio: Comoquiera que de grado suyo/ nunca hubiera salido de Arcos, Juana/ Don Fernando tomó la decisión/ de internarla en Torrecillas/ aduciendo que dados sus desvaríos / era muy peligrosa para el reino.

En “El encuentro del ya rey, Carlos I ” (pág. 92) podemos observar el protocolo palaciego de aquella época en estos versos: Entraron al salón donde estaba Juana/ con las tres obligadas reverencias/ ante su Majestad, siendo inferiores a ella.

Casi al final, el poema “-Ay, locura de amor!-’’ (pág. 101) está cargado de inquietudes y misteriosos interrogantes: Viviste siempre presa con la raíz quebrada/ nacida para reina y para amar, nacida/ tu vientre caracola que albergara tus ríos,/ ¿Fue el amor?, ¿el destino?, ¿tus genes mal pagados?/ Una vida tronchada y en plena adolescencia. […] Tus reinos, Juana, tuyos, cruelmente arrebatados/ como si tú durmieras /como si te dejaran/ temblando las estrellas cuando cortabas rosas/ del jardín de tu cárcel, tu eterna fortaleza.

Como un epílogo, con los versos del poema “Y tus hijos latiendo, lejos –Juana de hierro-” (pág. 102) nuestra poeta cierra su poemario diciendo: Ya no habrá más intrigas, más engaños, secretos/ ahora reinan tus hijos, aquellos que latían/ en tu vientre de trova para calmar tus hambres./ Tu locura, oh luna de los vientos, nueva/ fue una brecha en la Historia que recuerda tu grito. […] Húndete lentamente en el espacio y danos/ tu clave para el mundo, adolescente incierto,/ que España te recuerda como “la reina loca” / que perdió la cabeza, la razón, la cordura/ ¡y fue por amor!.

Mucho más podría decirse de este bello libro, mas por las comprensibles razones de espacio, se hace perentorio ser breve…

Tras de recorrer las páginas de este maravilloso poemario, no podemos menos que sentir admiración hacia su autora, y con reconocimiento y agradecimiento decirle:
Gracias querida Isabel por este nuevo aporte a nuestras letras que viene a poner una estrella más en el firmamento poético! ¡Que Dios siga alumbrando tu excelso estro!

Juan Ruiz de Torres

Mas de una veintena de ediciones acumula la revista que la sevillana Isabel Díez Serrano, sostiene con pulso singular. Y bien singular es, pues que se trata de un esfuerzo considerable que ella sola desarrolla. Aparecida para la Poesía con su poemario El último espejo (Asociación Prometeo de Poesía 1987), su labor literaria es ya considerable. Durante un largo tiempo dirigió la Tertulia “Príncipe de Asturias” en un Centro Cultural madrileño, y allí comenzó a publicar en papel la revista Oriflama. Ahora, residente en El Escorial ha convertido esa revista física en un espacio en Internet. Lo notable de Oriflama y de Isabel Díez, su directora, es que no se ha ceñido en ningún momento de su existencia a los grupos y escritores más físicamente cercanos, sino que ha asimilado la gran amplitud de la obra literaria de nuestra lengua y afirmando su presencia en la revista. Poetas, cuentistas, ensayistas de todos los países de la lengua española están presentes en Oriflama, proporcionando una visión de conjunto mucho más equilibrada que la mayor parte de las revistas literarias existentes (en papel o en versión virtual, ya sea en América o en España. “He aprendido la lección de la universalidad de la literatura en español en mi larga experiencia prometeica” dice la autora. “Las Ferias de la Poesía, cientos de presencias de poetas americanos y españoles en revistas y publicaciones de Prometeo, viajes a América y a varias regiones de España: todo ello me ha enseñado que nuestra lengua produce obras memorables en muchas latitudes, y que su visión desde sólo un grupo, una ciudad o una región es una visión incompleta y sesgada.”

Ruiz de Torres

Leonora Acuña de Marmolejo

Leonora Acuña de Marmolejo. EE.UU

Querida Isabel: Eres verdaderamente genial! Talentosa, transparente en la amistad, pujante en tu profesionalismo y tu noble y paradigmático propósito de difusión de nuestras letras y nuestra cultura etc.etc. Sencillamente: Admirable!

Gracias por el privilegio de enviarme de primera esta edición de la inigualable ORIFLAMA (No. 25 julio-diciembre 2014). que está como siempre: Riquísima en su diverso contenido!

Las ilustraciones de arte pictórico: Regias! Me encantaron “Silla de agua” de Juan Calderón; “Rio Pas” de Juan Coloma; y el de “Cubismo” (con técnica mixta) de M.G. Camacho.

Las participaciones en prosa maravillosas, como también las poéticas, especialmente la de nuestro queridísimo amigo Francisco Henríquez.

En cuanto a lo que se refiere particularmente a ti, no hay palabras suficientes para un justo reconocimiento. Solo decirte: Que Dios te colme de bendiciones como bien te lo mereces. Eres una verdadera joya humana.

Verdaderamente que tu labor es titánica y encomiable, y conlleva tu fuerza anímica con ese joie de vivre que te distingue.

Por supuesto que con mucho aprecio y reconocimiento hacia tu labor, reenviaré esta publicación a mis amigos y colegas.

No sé si ya sabes que nuestro querido Rafael Bordao no publicará más su también maravillosa revista “Sinalefa”. Es un pesar ya que también y por mucho tiempo con gran profesionalismo difundió nuestra cultura.

Bien querida Isabel: Una vez más gracias por tu enorgullecedor aprecio hacia mí, y hacia mi obra.

Que tengas un feliz fin de semana.

Con mis mas férvidos deseos de felicidad extensivos a tu esposo y a toda tu bella familia, recibe afectuosos abrazos.

Acuña de Marmolejo

Andrés Tello

Hola Isabel: Has sido rápida en hacer la revista Oriflama en su nº 25 y es que es muy laboriosa. Ayer no dijiste que la tenías tan adelantada. La verdad es que queda estupenda y seguro que tendrá muy buena acogida. No desesperes por el trabajo que tú puedes con todo y eso te mantiene joven y ágil. De todas formas, si puedo echarte una mano en su confección ya sabes que puedes contar conmigo. Las fotos de los cuadros han salido muy bien y con un colorido muy bonito. Los textos iré leyendo poco a poco.

Un abrazo

Andrés

Viviana Alvarez

gradezco de corazón, Isabel, la publicación de mi poema en tu revista. Es preciosa; un trabajo titánico que destila amor en cada página. Ese amor que ponés al publicarnos a los que remamos estas benditas aguas de letras.
Besos enormes.

Viviana

Laura Olalla

Querida Isabel: como siempre, nos llega ya el nº 25 de tu interesante, amena y bella Revista “Oriflama”. Te felicito por tanta laboriosidad, por el contenido tan acertado de sus participantes y porque la cultura siempre implica, para mí, un acto de voluntad tan gratificante como la misma vida; porque forma parte de ella y de nosotros mismos. Quiero felicitar, muy especialmente al nuevo poeta que se halla entre estas páginas, a Gustavo Fajardo; un bello poema sobre la soledad, ese silencio que orgía gritos en momentos de vacío existencial y donde la reflexión se hace imperativa. Como decía Salinas: “Una palabra puede salvarlo todo si se la echa allí en el alma que la espera”. Me alegra que no hayas abandonado y sigas en la brecha, en esta brecha cultural de soles y estrellas. Ya sabes que si necesitas cualquier poema mío, no tienes más que pedirlo. Gracias por todo querida Isabel. Un eterno abrazo y bendiciones para tod@s. Tu amiga:

Laura Olalla

Francisco Henríquez

La Oriflama de Isabel

viste traje de oro y flama;

a su paso el panorama

se persigna de oropel.

Es como un río de miel

que nace en El Escorial

y que en potro musical

sobre los mares galopa;

¡todos los mares de Europa

quedaron limpios de sal!

Francisco Henríquez

Respuesta de Isabel Díez. España

Si Francisco que es maestro

valora bien Oriflama

es como alcanzar la rama

de donde se cuelga el estro.

Le rezo mi Padrenuestro

que tan bien nos acompaña,

el Guadarrama lo baña

y su gran afluente Aulencia

pues tiene su permanencia

en El Escorial de España.

Gracias, amigo poeta

por tus palabras sinceras,

nos hacen falta, de veras

para alcanzar nuestra meta.

Los versos son una treta

para fascinar al mundo,

llevarle lo más fecundo

de diferentes autores

de España y otros cantores

de sentimiento profundo.

Isabel 24-11-2014

Respuesta de Andrés Tello. España a Francisco. Miami

Es Oriflama la barca

que navega con la rima

para llegar a la cima

del poema de Petrarca.

Su contenido que abarca

letras como el oropel

con Francisco e Isabel

desde Madrid a la Habana

en la lengua castellana

suena como un cascabel.

Andrés Tello 26-11-2014